
Con
frecuencia se nos pregunta el porqué de nuestra
labor, porqué dar de comer a las rapaces necrófagas.
Parece difícil de comprender que unos
naturalistas como nosotros se dediquen con tanto
ahínco a algo aparentemente tan alejado de los
fenómenos naturales que tanto perseguimos para
disfrutar y aprender. La explicación es bien
sencilla pero tiene cierto poso de tristeza.
El ser
humano se hace sedentario
ya saben, siglos a.
Y conseguir mas y mejor sustento a través de la
agricultura y la ganadería se convierte lógicamente
en obsesión. En la época moderna, siglos XIX y
fundamentalmente el XX, consigue desarrollar
maquinaria que facilita enormemente su trabajo y
con la que consigue maximizar el tamaño y
rendimiento de sus explotaciones agropecuarias.
Esto nos lleva a que hoy día, todo el terreno físicamente
roturable lo este, quedando indemnes únicamente
aquellas parcelas salvaguardadas por su
accidentada orografía, y a veces ni eso, si
pensamos en las explotaciones forestales.
Con esta drástica
alteración del hábitat, desaparecen las manadas
de ungulados salvajes que servían de sustento a
nuestros buitres, y desaparece por tanto el nicho
ecológico para el cual la evolución tan
pacientemente los diseño [1]. Sin embargo, con
su nicho ecológico erradicado, no perdemos
nuestros buitres. ¿Cómo es posible esto?. Esto
es la paradoja de las paradojas, especies que
subsisten sin nicho ecológico que ocupar. Las
manadas salvajes son sustituidas por enormes rebaños
de ganadería doméstica y se les ofrece con ello
una nueva fuente de alimento, hasta el punto que
su situación hoy día es casi exclusivamente
dependiente de la ganadería doméstica y las
actividades humanas en el medio rural. Se
convierten, quizás, en las especies de mas
estrecha dependencia de las actividades y
designios del hombre.
Después de
este breve preámbulo, quizás resulte más fácil
de comprender la importancia de que perduren
determinadas prácticas ganaderas, que hoy día
peligran, además de conseguir que se inviertan o
por lo menos maticen, determinadas normativas
flagrantemente contrarias a la conservación de
los buitres.
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El muladar de Las
Casas (Huesca) era uno de los
mejores dormideros de alimoche de
Europa. En el se contabilizaron
hasta 118 alimoches durmiendo en
las ramas secas de los chopos.
Una gran pena verlo hoy cerrado.
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Durante
las últimas décadas, las medidas
sanitarias han dado pie a que los
muladares rurales (lugares donde se
depositan los animales muertos para que
sean devorados por las aves carroñeras)
fueran sellados, y con ello prohibida una
de las prácticas tradicionales en la
ganadería rural que más favorecía a
nuestros buitres. En determinados casos,
se trataba de lugares estratégicos de
gran importancia para los buitres y
resultó realmente trágico su cierre.
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El abandono del
mundo rural ha traído el declive
de la ganadería extensiva,
fuente de alimento fundamental
para los buitres.
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Además,
se obliga según normativa vigente al
enterramiento de los cadáveres que
genera la ganadería estabulada, y el
abandono en general del mundo rural ha
traído el declive de la ganadería
extensiva. Con todo ello la
disponibilidad trófica de nuestros
buitres ha quedado o esta quedando
gravemente mermada, y ya sabemos que no
les quedan muchas alternativas. Existen
muchas áreas en Aragón donde las
explotaciones ganaderas han aumentado
considerablemente y en las que el
abandono de sus bajas en el campo
acarrearía serios problemas sanitarios,
es aquí donde las medidas
agroambientales pueden y deben ser
tajantes. Pero también hay otras zonas
rurales ubicadas en plenos espacios
naturales protegidos (Parques Nacionales,
Naturales, etc.) o zonas de especial
protección para las aves (red Natura 2.000),
donde el mantenimiento de unos muladares
adecuados a unas normas y controles
sanitarios para el aprovechamiento de las
aves necrófagas, se muestra hoy día
como único camino para la consecución
de poblaciones sanas y estables de estas
aves. No olvidemos que, por otro lado, se
las cataloga como especies en vías de
extinción y sensibles a la alteración
de sus hábitats. |
Los "muladares"
también tienen gran importancia desde otros
muchos puntos de vista, diversos beneficios
sociales que convergen en beneficio para los
buitres. Se muestran como una solución sencilla
y eficaz, quizás la mas cómoda, para que los
ganaderos se deshagan de las bajas que sufren en
la cabaña estabulada. Son por tanto beneficiosos
para los ganaderos de aquellos lugares en los que
todavía se conservan, solucionando el problema
del abandono de cadáveres alrededor de los núcleos
habitados.
Son, además,
lugares interesantísimos para la interpretación
naturalista. Que pueden dedicarse a labores
divulgativas o como centros de ocio para
visitantes y aficionados a la ornitología,
utilizándose como atractivo complemento turístico
y cultural de la cada vez mayor demanda del
llamado turismo verde, todo ello con medidas de
seguridad básicas para las aves de firme
cumplimiento. Son también lugares estratégicos
para la ciencia, pues en ellos encuentran los
científicos y estudiosos de las rapaces necrófagas
puntos de obligada referencia, donde resulta
relativamente sencillo el estudio de determinados
aspectos de la biología de las rapaces carroñeras
y sus relaciones intra e interespecíficas.
Así pues,
son demasiados los beneficios que aportan los
"muladares" o A.A.S. y solo encontramos
razones para la manutención de una red de
muladares debidamente gestionada. Además de
potenciar los artificiales, como los creados por
nosotros, resulta importantísimo mantener con un
funcionamiento y gestión coherentes los
tradicionales, como mínimo aquellos que se
muestran como lugares importantes para la
comunidad carroñera y pedimos desde aquí
encarecidamente que no sean clausurados e incluso
su reapertura en caso de haber sido ya cerrados.
Hablamos de muladares como el de Monflorite/Las
Casas, Naval, Sabiñánigo o Arrés. Su clausura
ha sido o será de un impacto negativo evidente
sobre nuestras rapaces necrófagas.
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