El sospechoso vuelo de los buitres leonados

El naturalista y biólogo Juan Antonio Rodríguez Llano nos descubre los secretos de los buitres leonados. Documental de TVE en el comedero Las Pichillas de Binaced.


Los buitres leonados son nuestros sanitarios campestres y los protagonistas de las carroñadas. Son unos tipos duros, que pelean por cada pedazo de comida.

por: Juan Antonio Rodríguez Llano – Cuaderno de Campo RTVE


Los buitres son sospechosos… Quizás hemos visto demasiadas películas donde su silueta solo trae malas noticias. Sin embargo, deberíamos verlo exactamente al revés: allí donde hay buitres hay vida ¡Vida salvaje, abundante y excitante!. Por eso, hoy, miramos al cielo con cierta avidez ya que hemos decidido hacer un capítulo de nuestro Cuaderno de Campo dedicado al buitre leonado.

En busca de buitres leonados

Para ver buitres no hay que madrugar mucho. Sobre las peñas y los cortados esperan a que el sol caldee el ambiente y se formen invisibles columnas de aire caliente. Esas columnas son las que les van a transportar como si fuesen cometas gigantescas: los buitres son grandes veleros que vuelan sin esfuerzo durante horas apoyados en las cálidas corrientes de aire.

Para observarlos a placer nos hemos venido a Huesca, a Binaced, y nos dejamos guiar por Manuel Aguilera, del Fondo de Amigos del Buitre, que lleva toda su vida trabajando para proteger y conservar a las aves carroñeras. Nadie las conoce mejor. Con los todoterrenos nos acercamos a un muladar al que lleva despojos de un matadero casi todos los días. Nosotros estamos inquietos, pero él está muy tranquilo, tiene una confianza absoluta en que van a venir al muladar donde nos hemos apostado discretamente con nuestros equipos. Es más, nos habla de la puntualidad de estas aves, que llegarán sobre las once de la mañana. Reconozco que tanta exactitud me produce cierta desconfianza.

Pero ocurre el milagro con una puntualidad británica, como ya nos advirtió Manuel, sobre las 11 en punto hacen su aparición.

Un chorro de buitres vuela desde el norte hacia nosotros. Conocen bien el camino y son animales de costumbres. Cientos de buitres, como un gigantesco ejército de aviones, se aproximan a su objetivo. De pronto, el río de buitres se convierte en una cascada: uno tras otro se dejan caer a mis espaldas, agitando las alas, frenando en el aire a pocos metros y levantado una polvareda ocre que me hace cerrar los ojos y toser. Es un verdadero espectáculo.

Jugar al escondite con los buitres ( y perder)

El primer día somos afortunados y acuden a la cita, los grabamos a mis espaldas mientras narro parte de su historia… Para mi se trata de uno de los espectáculos más apasionantes y estremecedores de nuestra naturaleza. Siento que estoy en las llanuras africanas. Es asombroso pensar que a pocos kilómetros de aquí hay autopistas, aeropuertos y ciudades ocupadas por millones de personas… que ignoran que, tan cerca, aún existe una naturaleza realmente salvaje.

El segundo y el tercer día se nos tuercen de forma inexplicable. A pesar de nuestra experiencia hay claves que se nos escapan. Los buitres leonados son desconfiados y no sabemos porqué, a veces, se niegan a bajar; revolotean sobre nuestras cabezas, se agitan, se acercan pero hay algo que les altera y no bajan. Aunque permanezcamos perfectamente escondidos y quietos se vuelven recelosos. Algo no les gusta, no se sienten seguros y nos dejan con un palmo de narices. Esperamos dos días enteros y, al final, desesperados, abandonamos el rodaje.

Afortunadamente, Pablo y Luis Miguel ya habían grabado una buena carroñada cuando estuvieron localizando para el documental. Con los teleobjetivos más potentes y la cámara de alta velocidad filmaron imágenes impresionantes. Sino fuera por su intuición y su sentido de la oportunidad no tendríamos material suficiente para montar nuestro capítulo… ¡En los rodajes de naturaleza nunca hay que dejar nada para mañana!

Fuente: rtve.es